Entradas

GRUPA

Recuerdo que nacimos en primavera entre canciones azuladas y tambores de trasnoche. Con el silencio del tiempo os hicimos de almohadones donde el sueño
se hizo grande cada día. Fuimos los atardeceres serrano
y los cielos nublados. La espuma que embriaga al mar y el llanto de la niña que extrañamos. Fuimos, sin querer, el secreto mejor guardado
y cómplices de la muerte de la luna. Una vez pensé en lo perfecto y las encontré sonriendo reflejadas en el latido de una zamba. Pensé en la tierra y la lluvia y brotaron los jazmines al costado de la ruta. Pensé en la ausencia y el deseo y fuimos círculo y eternidad. No hay arte que no crea en la nostalgia. Un mundo dentro de otro mundo y de otro mundo y de otro. Hoy no se si la arena
nos abraza o nos hunde. Ya no se si el sol se quedará o se irá. Hoy no se si el verano va a rendirse, o aplastarnos,
o será,  entre enero y enero marca indeleble de nuestros corazones.

Nocturna II

Es extraña la tonalidad en la que hablas
cuando intentas naufragar en conceptos vagos.
Hay algo interesante en la forma en la que me extirpo los sueños,
casi porque no hay sueño,
ni prisa en los andenes,
ni si quiera los meses me marcan la huella.
Echo a correr por el campo fugitivo
mientras me suicido el trago amargo
y añoro el canto certero.
Estoy dormida hace tiempo
aunque cada tanto me espío las palabras y los versos
por si acaso algún día
renaciera en forma de poema.

Nocturna I

Me hice de tierra
a pulmón soplando cuecas
Más el cielo no me arrastra
cantando pétalos de nube.
Me hago de mar y vuelo
en la espera de la noche inédita
un amor adentro revolotea
y siento que la oscuridad me penetra como águila.
No me nombres por favor
Hombre sin hábitat
lava ardiente que desciende
sobre rostros dilatados
Y el pan
y el gen
y el fin
y la luz que simula ser.
Pues acá no veremos
sucumbir a las mariposas
así como quien no quiere
salir ni reflejar
el alma en espejos rotos.

Escribime Cuando Llegues

Tengo fiebre y frio,
pero respiro. 
Mi piel se parece
a veces a una hoja 
de papel arrugada.
Mis lágrimas
tienen nombre de mujer.
Una cada día
Una cada noche
Una cada dieciocho horas.
Acá estoy.
Me hago eco del dolor
La rabia caliente
El surco que me trastoca
la mirada.
El puño que cobija la semilla
en donde nacemos
una y otra vez
así nos crean deshechas
dormidas
débiles
y solas.
Ya no hay miedo, ni cuerpos vencidos.
Somos las voces
los sueños
el canto hermanado
que nunca podrán apagar.
La sonrisa viva de una fotografía,
será de ahora en más
nuestro grito más aguerrido,
nuestra bandera de lucha.
La fuerza descomunal
que nos mueve y empuja,
frente a tanta opresión y violencia,
a avanzar sin pausa
hasta sabernos
completamente libres.

El café me arruina

El café me arruina y ella sobrevive.  Nos quedamos solas aunque recién esté aprendiendo a entablar discusiones,  casi siempre sin argumentos porque puedo.  Ser una más o una menos en este mundo abrasivo, para nada abrazable, a veces.  Aunque ahí estás esperando el mensaje de quien no supo más que regalarte el tiempo en bandeja, porque solemos amarrarnos a esas cosas que nos duelen y de repente cerraste la ventana y te quedaste a oscuras, bebiéndote el mar de llanto y de sábanas viejas. ¿Qué me venís a hablar de despedidas? si soy un barco partiendo siempre, sin rumbo y a medio hacer.  Si mi mano ya no sacude una bandera, ni agita un rocanrol, o acaricia una margarita como quien le reza a algún santo, por favor no desesperes, que pronto, pronto, estará escribiendo sin pausa un poema que nos encuentre celebrando alguna victoria.

Los ojos cerrados

Bueno, dale.
Esta vez sí te voy a contar qué soñé.
Vos estabas ahí y yo a tu lado,
aunque no tan pegados como hubieras pretendido.
Es que no.
Había arena. Bastante;
como lo suele haber en los sueños que evocan al tiempo.
Y no sé por qué extraña razón
siempre vuelvo a la arena y a los días soleados.
Y ahí estabas. Tranquilo.
Como mirando al horizonte perdido
y yo te miraba y justo
justo en ese instante
el sol te pegaba en la cara
casi obligándote a dibujar una mueca perfecta
esa que siempre aparece
cuando no hay nada de qué preocuparse.
Justo en ese instante me devolvías
una sonrisa redonda tan típica de vos
y los ojos se te hacían chiquitos
detrás de los vidrios de los lentes de marco grueso
los cuales, claro, no soportaban tanto resplandor
y tanta risita tímida.
Cuando por fin enfocamos nuestros rostros cómplices
yo me acerqué así, despacito hasta tu boca
sin tocarte pero con ganas.
Apoyando, apenas si rozándote el borde de los labios
como si deseáramos quedarnos eternamente
en la qu…

Doblete de cosas

Ya te he dicho,
que no me canso
de aspirarme el agua hirviendo,
de desayunarme las uñas rabiosas,
del pasado que evoco
mientras se me empaña la piel.
¿Acaso no te he dicho?
que las golondrinas no viajan en invierno,
ni el azul de las alas
se confunde con el mar.
Y que ni el tiempo que pierdo,
buscándome,
en ese nido movedizo,
en los ojos perlados que me sabes ofrecer,
regresará para inclinarse ante nosotros,
como un súbdito apesadumbrado.
Estúpido el tiempo.
¿Que qué soy?
solo un montón de tinta acumulada en los dedos.
Un sin fin de preguntas mal formuladas.
¿Es que en realidad nunca te lo he dicho?

Si no fuera porque los lapachos lloran,
y la ciudad está podrida,
y si no fuera porque te espero en cada esquina,
y me tropiezo con quien no espero.
Tropiezo. Una, dos veces. A quién le importa.
Llevo el manojo de sugerencias, arrastrando,
como lenta, como en pausa.
Si no fuera porque no soporto el torbellino anabólico,
que saca a relucir la merluza después de hora,
y caminar, y caminar entre piropos improvisados y be…